DE JUAN JOSÉ AREVALO PARA LA JUVENTUD
1.- Empiezo a escribir esta obra en la ciudad de Guatemala, a fines (26) de marzo de 1935. ¡Qué empresa nobles y meritoria esta de escribir un libro dirigido a la juventud! Y sin embargo, estoy ya temblando de miedo como si fuera a cometer un crimen. Poco a poco la humanidad está volviendo a la época en que toda labor de cultura se consideraba como un crimen.
2.- Estoy temblando de miedo. Es que un libro que va dirigido a la juventud tiene que escribirse claro y vibrante, con mayor razón si procede de un maestro de escuela. Los maestros de escuela somos los únicos que enfrente de la juventud sabemos sentirnos niños, pero también los únicos que frente a las miserias del ambiente sabemos mostrarnos hombre. ¡De cuánto valor tenemos que revestirnos para decir a las jóvenes palabras que vayan cargadas de verdad!
3.- De ahí que en la formación social contemporánea los maestros de la escuela vamos organizándonos ya como una casta social, que poco a poco va tomando consciencia de su papel preponderante en la cultura. Las castas sociales nacen señaladas por el desprecio que mutuamente se profesan, y llegan a perfilarse y a vigorizarse cuando del mutuo desprecio se pasa al temor mutuo. Hace unos pocos siglos, los maestros de escuela no valíamos nada: la historia contemporánea, demasiado conocida y comentada para glosarla, está demostrando ya cuánto valemos los trabajadores del aula. Y ya empiezan a tenernos miedo.
4.- un maestro de escuela es un hombre que maneja ideas, camina desarmado y no posee dinero. Ahí tenéis el retrato más breve de cuantos somos maestros. Si falta una de esas señas, ya no se es maestro de escuela.
5.- Hablo con la juventud del istmo centroamericano, en este año de gracia de 1935: un fervoroso maestro de escuela os pide atención.
6.- Nuestra patria es el conjunto de naciones minúsculas que van desde el istmo de Tehuantepec hasta el istmo de Panamá. Somos los habitantes de las tierras del istmo. Somos los habitantes de Istmania. Istmania es uno de los lugares más atrasados del planeta. No hagáis caso de los libros de texto que tienen la obligación de decir lo contrario. Ni creáis en los discursos oficiales que no saben nunca decir una cosa sensata. Aunque duela confesarlo, es un deber decirlos: Istmania es uno de los lugares más atrasados del planeta.
7.- Hace cuatrocientos años, un puñado de españoles realizó una épica jornada desde el valle de México hasta el norte de Honduras; si Hernán Cortés resucitara, tropezaría con las mismas penurias si tuviese hoy que hacer un viaje. Nuestra geografía está intacta. Vivimos en el mismo trópico enfermizo e impenetrable de entonces. Hace cuatrocientos años los indios eran señores de la tierra del istmo.
Cuando aquella raza sacrificó sus jefes y sus ídolos se acabó para siempre entre nosotros toda voluntad de independencia. HACE POCO MENOS DE TRESCIENTOS AÑOS, LA Capitanía General de Guatemala tenía Universidad: había, pues, cultura oficial. Extraños y nativos fueron allí a expresarse, bien que la mentalidad de la época no permitiese a los hombres expresarse sino religiosamente. Hoy no podemos decir que ninguno de nuestros pequeños países cuente con una Universidad que valga la pena llamarse así. La cultura oficial es nula, y se pretende erigir en cultura la mediocre fabricación de profesionales ansiosos de dinero.
Hace todavía cien años éramos todas una sola nación. La carcoma política no había logrado desvertebrar esa hermosa unidad del istmo, que prometía organizarse bajo la dirección de sabios apóstoles (que eran entonces los gobernantes) hacia un plano de solidez económica y de unidad cultural. Hoy estamos partidos en republiquitas incapaces desde el punto de vista económico y ciegos desde el punto de vista de la nacionalidad.
Quiere decir que el gran valor biológico (el ambiente) todavía conserva entre nosotros sus caracteres primitivos; el gran valor espiritual (la independencia) no lo conocemos; el gran valor social (la cultura) no nos ha llegado, y el gran valor histórico (la nacionalidad) lo hemos perdido. Esto es Istmania.
8.- Es crudo en verdad este cuadro. Si tomamos en cuenta las numerosas vidas ilustres que se han quemado en estos cuatrocientos años, y la fabulosa riqueza que se ha llevado el extranjero mientras los criollos se divertían matándose, el cuadro pasará de crudo a sombrío y a trágico. Pero de este desastre no tenemos culpabilidad las generaciones actuales. Menos aún vosotros, los jóvenes de hoy, que podéis todavía enderezar la nave desorientada y vacía para reincorporarla a la historia cargándola de un contenido valioso.
9.- No quiero con este motivo repetir las frases irresponsables de los oradores de fiesta patria, que proclaman los privilegiado de nuestra posición geográfica y lo incalculable de nuestra riqueza. Ambas cosas son embustes. Es la máscara con que los embaucadores quieren distraer a la juventud para ocultarle la verdadera raíz del problema. No es por la posición geográfica, ni por la densidad de sus selvas, por lo que un país se impone a los otros.
Las bahías, el paludismo y las bananas no son capaces de forjar un pedazo de historia. La historia la hacemos los hombres, y nuestros cuatrocientos años de historia desteñida son la labor de muchas generaciones culpables. Fincar los destinos futuros en la geografía, es declararse embrutecidos. Por el contrario: debemos pensar que nuestro futuro lo forjaremos a pesar del trópico.
Somos los hombres la única “geografía” posible y la única riqueza efectiva para los destinos de un pueblo. Y para concretar más el alcance de los términos, es la generación juvenil la única capaz de organizar un pedazo de historia.
FRAGMENTO - ISTMANIA 1935 Juan José Arevalo Bermejo.
1.- Empiezo a escribir esta obra en la ciudad de Guatemala, a fines (26) de marzo de 1935. ¡Qué empresa nobles y meritoria esta de escribir un libro dirigido a la juventud! Y sin embargo, estoy ya temblando de miedo como si fuera a cometer un crimen. Poco a poco la humanidad está volviendo a la época en que toda labor de cultura se consideraba como un crimen.
2.- Estoy temblando de miedo. Es que un libro que va dirigido a la juventud tiene que escribirse claro y vibrante, con mayor razón si procede de un maestro de escuela. Los maestros de escuela somos los únicos que enfrente de la juventud sabemos sentirnos niños, pero también los únicos que frente a las miserias del ambiente sabemos mostrarnos hombre. ¡De cuánto valor tenemos que revestirnos para decir a las jóvenes palabras que vayan cargadas de verdad!
3.- De ahí que en la formación social contemporánea los maestros de la escuela vamos organizándonos ya como una casta social, que poco a poco va tomando consciencia de su papel preponderante en la cultura. Las castas sociales nacen señaladas por el desprecio que mutuamente se profesan, y llegan a perfilarse y a vigorizarse cuando del mutuo desprecio se pasa al temor mutuo. Hace unos pocos siglos, los maestros de escuela no valíamos nada: la historia contemporánea, demasiado conocida y comentada para glosarla, está demostrando ya cuánto valemos los trabajadores del aula. Y ya empiezan a tenernos miedo.
4.- un maestro de escuela es un hombre que maneja ideas, camina desarmado y no posee dinero. Ahí tenéis el retrato más breve de cuantos somos maestros. Si falta una de esas señas, ya no se es maestro de escuela.
5.- Hablo con la juventud del istmo centroamericano, en este año de gracia de 1935: un fervoroso maestro de escuela os pide atención.
6.- Nuestra patria es el conjunto de naciones minúsculas que van desde el istmo de Tehuantepec hasta el istmo de Panamá. Somos los habitantes de las tierras del istmo. Somos los habitantes de Istmania. Istmania es uno de los lugares más atrasados del planeta. No hagáis caso de los libros de texto que tienen la obligación de decir lo contrario. Ni creáis en los discursos oficiales que no saben nunca decir una cosa sensata. Aunque duela confesarlo, es un deber decirlos: Istmania es uno de los lugares más atrasados del planeta.
7.- Hace cuatrocientos años, un puñado de españoles realizó una épica jornada desde el valle de México hasta el norte de Honduras; si Hernán Cortés resucitara, tropezaría con las mismas penurias si tuviese hoy que hacer un viaje. Nuestra geografía está intacta. Vivimos en el mismo trópico enfermizo e impenetrable de entonces. Hace cuatrocientos años los indios eran señores de la tierra del istmo.
Cuando aquella raza sacrificó sus jefes y sus ídolos se acabó para siempre entre nosotros toda voluntad de independencia. HACE POCO MENOS DE TRESCIENTOS AÑOS, LA Capitanía General de Guatemala tenía Universidad: había, pues, cultura oficial. Extraños y nativos fueron allí a expresarse, bien que la mentalidad de la época no permitiese a los hombres expresarse sino religiosamente. Hoy no podemos decir que ninguno de nuestros pequeños países cuente con una Universidad que valga la pena llamarse así. La cultura oficial es nula, y se pretende erigir en cultura la mediocre fabricación de profesionales ansiosos de dinero.
Hace todavía cien años éramos todas una sola nación. La carcoma política no había logrado desvertebrar esa hermosa unidad del istmo, que prometía organizarse bajo la dirección de sabios apóstoles (que eran entonces los gobernantes) hacia un plano de solidez económica y de unidad cultural. Hoy estamos partidos en republiquitas incapaces desde el punto de vista económico y ciegos desde el punto de vista de la nacionalidad.
Quiere decir que el gran valor biológico (el ambiente) todavía conserva entre nosotros sus caracteres primitivos; el gran valor espiritual (la independencia) no lo conocemos; el gran valor social (la cultura) no nos ha llegado, y el gran valor histórico (la nacionalidad) lo hemos perdido. Esto es Istmania.
8.- Es crudo en verdad este cuadro. Si tomamos en cuenta las numerosas vidas ilustres que se han quemado en estos cuatrocientos años, y la fabulosa riqueza que se ha llevado el extranjero mientras los criollos se divertían matándose, el cuadro pasará de crudo a sombrío y a trágico. Pero de este desastre no tenemos culpabilidad las generaciones actuales. Menos aún vosotros, los jóvenes de hoy, que podéis todavía enderezar la nave desorientada y vacía para reincorporarla a la historia cargándola de un contenido valioso.
9.- No quiero con este motivo repetir las frases irresponsables de los oradores de fiesta patria, que proclaman los privilegiado de nuestra posición geográfica y lo incalculable de nuestra riqueza. Ambas cosas son embustes. Es la máscara con que los embaucadores quieren distraer a la juventud para ocultarle la verdadera raíz del problema. No es por la posición geográfica, ni por la densidad de sus selvas, por lo que un país se impone a los otros.
Las bahías, el paludismo y las bananas no son capaces de forjar un pedazo de historia. La historia la hacemos los hombres, y nuestros cuatrocientos años de historia desteñida son la labor de muchas generaciones culpables. Fincar los destinos futuros en la geografía, es declararse embrutecidos. Por el contrario: debemos pensar que nuestro futuro lo forjaremos a pesar del trópico.
Somos los hombres la única “geografía” posible y la única riqueza efectiva para los destinos de un pueblo. Y para concretar más el alcance de los términos, es la generación juvenil la única capaz de organizar un pedazo de historia.
FRAGMENTO - ISTMANIA 1935 Juan José Arevalo Bermejo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario